El marqués, agradecido con su suerte, se propuso enmendar el pasado y conquistar el corazón de la hija con la receta de felicidad aconsejada por Abrenuncio.
Le consagró todo su tiempo. Trató de aprender a peinarla y a tejerle la trenza. Trató de enseñarla a ser blanca de ley, de restaurar para ella sus sueños fallidos de noble criollo, de quitarle el gusto del escabeche de iguana y el guiso de armadillo.
Lo intentó casi todo, menos preguntarse si aquel era el modo de hacerla feliz.
Gabriel García Márquez
Gran texto, intentar hacer feliz a alguien sin saber que lo hace feliz es algo inutil que solo puede provocar lo contrario de lo que pretendemos.
ResponderEliminarUn saludo.
Le pasa a demasiada gente (pienso) ... creer que nos hace feliz lo que a ellos les hace feliz. Me frustra cuando tengo a alguien al lado al que (según dice) hago feliz porque me vuelco totalmente y esa persona no sabe ni un poquito como lograr lo mismo.
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