8/2/14

El día de los platillos volantes, de Neil Gaiman


Aquel día aterrizaron los platillos. Cientos de ellos, dorados,
Silenciosos, bajaron del cielo como inmensos copos de nieve,
y los terrícolas salieron
         a contemplar su descenso,
Expectantes, ansiosos por saber lo que nos esperaba
          en su interior
Y sin saber si seguiríamos aquí mañana
Pero tú ni siquiera te diste cuenta porque
 
Aquel día, el día que llegaron los platillos volantes,
          fue a coincidir
Con el día en que las tumbas liberaron a sus muertos
Y los zombis levantaron la mullida tierra
O salieron disparados, tambaleándose y con los ojos
          mortecinos, imparables,
Se acercaron a nosotros, los vivos, que gritamos y salimos
             corriendo,
Pero tú no te diste cuenta porque
 
El día de os platillos, que fue el día de los zombis, fue

también el Ragnarok, y en las pantallas de los televisores vimos
Un barco construido con uñas de hombres muertos,
          una serpiente un lobo, 
Tan grandes que la mente humana no alcanza a concebirlos,
          y el cámara no pudo
alejarse lo suficiente, y entonces aparecieron los Dioses
Pero tú no los viste venir porque

El día de los platillos-zombis-dioses de la guerra
          las compuertas se rompieron
Y fuimos arrollados por genios y duendes
Que nos tentaban con deseos y prodigios y eternidades
Y encanto y sabiduría y corazones
          fieles y valerosos y calderos de oro
Mientras los gigantes arrasaban la tierra
          a su paso, junto con las abejas asesinas,
Pero tú no te enteraste de nada de esto porque
 
Aquel día, el día de los platillos el día de los zombis
El día del Ragnarok y las hadas, el
          día en que se desataron los fuertes vientos
Y las nevadas, y las ciudades se volvieron de cristal, el día
En que murieron todas las plantas, se disolvieron
          los plásticos, el día
En que los ordenadores se encendieron con un mensaje
          en sus pantallas que nos exhortaba a obedecer, el día
En que los ángeles, borrachos y confusos, salieron de los bares

          con paso vacilante,
Y tocaron todas las campanas de Londres, el día
En que los animales comenzaron a hablarnos en asirio,
          el día del Yeti,
El día de las capas al viento y de la llegada de
          la Máquina del Tiempo,
Tú no te enteraste de nada porque
estabas sentada en tu habitación, sin hacer nada
ni leer siquiera, tan sólo
mirabas el teléfono,
preguntándote si yo volvería a llamarte.


Poema incluido en Objetos Frágiles.

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